El formato como soporte

El mundo del packaging siempre se encuentra en continuo movimiento, ya que posiblemente es uno de los mundos del diseño que más novedades y nuevos formatos necesita para seguir innovando. En este caso, el diseño no actúa como un mero servicio, sino como un verdadero proceso que trabaja en consonancia y colaboración con la evolución y necesidades de la empresa o el producto.

Un recipiente, cualquiera de ellos, se puede decir que se basa en pocas variables: los costados, la tapa, la base, las lengüetas, las solapas, las ranuras y los cierres. A partir de aquí la imaginación vuela para dar lugar a formatos extraños, materiales espaciales, juegos de identidad y rompecabezas  estructurales.

El diseño del packaging suele requerir más atención que otros campos del diseño, sobre todo a que son generalmente objetos en sí mismo, tridimensionales y técnicamente complejos. No sólo es importante el grafismo aplicado sino también  la construcción, el material empleado, la producción, la durabilidad, la legibilidad, y cómo no, la seguridad.

El objetivo final, obviamente, es el de conseguir un buen diseño, apto para el mercado y que suponga un soporte comunicativo para el producto. Pero, ¿qué es un diseño bueno y qué hace que un diseño sea malo?. Esta eterna incógnita tiene una solución literal obvia, “un diseño acertado debe responder tanto a las necesidades del cliente como a las del consumidor final”. A partir de aquí la imaginación vuela.

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