El diseño en la cultura vinitícola

La etiqueta de un vino es así como la tarjeta de visita de la empresa a la que pertenece. Se considera la imagen de la bodega ante el consumidor. El consumidor se enfrenta a la decisión de compra tan sólo mediante la información que en ella se muestra y los valores sensoriales que le transmita, ya que hasta que no la posea no podra descubir los intrincados secretos de su sabor. El reto del diseño y el branding en la cultura vinitícola es enormemente competitivo y ha crecido notablemente en los últimos años convirtiéndose en un factor determinante en una industria cada vez más presente en los puntos de venta cotidianos.

Un estudio reciente hace hincapié en que el 94 por ciento de las bodegas en España considera que el factor diseño influye directamente en el valor añadido al producto, aunque paradójicamente sólo el 52 por ciento de la industria reconoce haber trabajado directamente con profesionales del diseño y el branding.

Actualmente el posicionamiento comercial que ha adquirido el vino está en un momento álgido y en fase de transformación. Se ha pasado de una larga tradición en el “modus operandi” a un salto cualitativo y competitivo de uso de técnicas avanzadas de marketing. Este salto incluso se ha visto reflejado en el diseño, que ha pasado de una tradición heráldica de influencia francesa y monótona a una exploración en formas actuales y un estudio cuidadoso de la gráfica con el diseño como aliado. Este cambio tiene su principal influyente en el público, que ha pasado de ser una comunidad concreta y estructurada a un mercado más amplio, variado y con necesidades y tendencias de consumo muy diferentes.

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